Mi cama, mi ropa y todas mis cosas estaban en su lugar pero yo no estaba allí.
No estaba bajo las sábanas, en ningún bolsillo ni en el fondo de un cajón. Había pedazos de mí por todos lados, en libros subrayados, dibujos en las paredes, mi cara en las fotos, pero yo ya no estaba allí. Mi casa, mi espacio, mi lugar sin mí.
En el desconcierto salí a buscarme. No sabía por dónde empezar, no sabía a quién preguntarle si me había visto, si recordaba la última vez que había hablado conmigo, adónde había ido, de qué escapaba?
Comencé por buscarme en vos, pero no me encontré entre tus brazos, ese abrazo hueco que hacía rato ya no me abrigaba. Ni debajo de tu remera, que fue alguna vez mi escondite preferido.
No me encontré en aquella plaza donde me besaste por primera vez, en aquellas calles por las que caminé a tu encuentro, ni en el barcito donde te vi soplando el té y me enamoré con locura de tus pestañas. No me encontré en ninguno de aquellos lugares y mientras más buscaba, más me alejaba de mí misma. Me costó algunas cuadras y algunas piedritas en el zapato entender que no me encontraría conmigo si en realidad estaba buscándote a vos, a todo lo que habíamos sido, esas dos partes que se fundían en una sola, que ya no eran más que un recuerdo, retazos de tela que ya no abrigaban un amor enfriado.
- ¿Cuánto hace que estamos durmiendo? - Me preguntaste una vez.
- 6 canciones de John Frusciante -
Y es que quizás esa siempre fue nuestra concepción del tiempo, y tal vez por eso a veces parece tanto y a veces tan poco, el todo y la nada que juegan a disfrazarse uno de otro y yo no hago más que extrañarte y odiarte, necesitarte y olvidarte, porque quizás esa siempre fue mi concepción de todo esto, un amor medido en canciones, besos como acordes y la bipolaridad bailando con nuestros pies.
Continuaba buscando, y no hacía más que perderte. Una búsqueda errante de un amor errado.
Y tuve que olvidarte para empezar a recordarte, como parte de un pasado que no se reconoce en el presente. Y entre tanta memoria y tanto recuerdo me crucé conmigo misma, me ví de lejos y comencé a seguirme, a observarme, a conocerme. Te dejé en la orilla y recordé cuánto me gusta nadar.
Me senté a charlar conmigo y me pregunté cómo andaba, qué había estado haciendo todo este tiempo, qué soñaba, y charlamos por horas, me subí a la bici conmigo atrás y pedaleé sin saber adónde iba, y volví a todos los lugares que me gustaban, que hacía tiempo no visitaba conmigo, recorrí esa casa abandonada llena de flores, aspiré la pureza de todo ese verde, disfruté cada segundo del sol poniéndose sobre el río con los pies enterrados en la arena, me perdí entre pilas de libros y fotos recién reveladas, me aturdí de murmullos el domingo en el parque, me leí en cuadernos garabateados y me saqué a bailar mis canciones preferidas.
Tanta búsqueda, tanta música.
Tantas canciones para un amor, y el desamor bailando.
Tanta búsqueda y tanta danza,
Te perdí y me hallé bailando
Te perdí y me encontré, y me abracé,
y prometí no volver a dejarme ir.














