.

Las Palabras...

Siempre fui muy impulsiva, y aunque algunas veces de verdad traté con todas mis ganas y mis fuerzas, no pude organizar, ni agendar ni prever nada, por más grande que fuera mi esfuerzo todos mis itinerarios terminaban patas arriba.
Impulsiva, diría yo. Atolondrada o terremoto, diría mi mamá.
Todo en mí es un torbellino de cosas que aparecen y desaparecen continuamente, construyen y destruyen, vienen y se van como el agua a la orilla del mar, una de esas montañas rusas que te revuelve el estómago cuando acabás de comer un considerable bocado de emociones, y algunas caen mal.
No soy contradictoria, ni me arrepiento de muchas cosas, aprendí a convivir con mi terremoto interno y hasta puedo decir que nos llevamos bien.
En él vienen incluidas miles de palabras que hace relativamente poco me atreví a conocer, escuchar y compartir.
Supongo que esperaron el momento adecuado para presentarse y de ahí en más andan como panchas por su casa, entran y salen a su antojo y yo las observo, las callo o las regalo.
A veces cuando miro a los ojos de otra persona, se alborotan, empiezan a hacer ruido para salir y, debo admitir: no es nada fácil controlarlas o contenerlas, son rebeldes, caprichosas, me hacen piquetes todo el tiempo y se mandan solas a los oídos ajenos. Más de una vez tuve que excusarme por su comportamiento.
Algunas otras veces intentamos vincularnos y me siento a esperarlas enfrente de una hoja en blanco sosteniendo una taza de té, pero pucha! Justo ahí es cuando deciden irse a dormir, dejándome muda y sin ideas (me pregunto como harán para acomodarse ahí dentro, siendo tantas y tan diversas)
Lo cierto es que aprendimos a respetarnos, acordamos que ellas no saldrían corriendo exaltadas cuando yo hubiera tomado de más y yo aprendí que no debía forzarlas cuando ellas desearan permaneces latentes.
Debo decir que las aprecio muchísimo, hay momentos en que nos ponemos de acuerdo y juntas permanecemos calladas ante una hermosa puesta de sol, de a ratos me pregunto donde se esconden cuando las necesito, y otras veces hacemos banquetes literarios cuando volvemos a un recuerdo, abrazamos a alguien o leemos algún autor que nos gusta. Yo trato siempre de consentirlas, les presento palabras nuevas, les pongo música o las dibujo, y ellas a cambio prometen nunca abandonarme.

7 Responses to “ ”

  1. Anónimo says:

    muy lindo muy. como siempre =)

    ceci.

  2. sofia. says:

    lindas palabritas priincesa

  3. Agus says:

    No te conozco, pero me encanta entrar y leer tus cosas, ver tus fotos. Me parece que sos una persona muy copada. Suerte, Agus.

  4. julita says:

    me siento tan identificada yae...la verdad no hablamos muchas veces en nuestros casuales encuentros,pero quizás tengamos muchas cosas que nos acercan,sobre todo las palabras que no piden permiso y son tan bellas para ofrecerlas, gracias por regalarlas y reglármelas también,besos

  5. hola! hace mucho que no paso por acá...me gusto lo que escribiste, a mi me pasa seguido lo de preguntarme "donde se esconden cuando las necesito??" (admito que a mi me cuesta bastante largar lo que siento, ponerlo en palabras) ahora cuando lo hago, agarrate!!! ¬¬

    saludos!.-

  6. inne says:

    *


    sí, así es con ellas, no les gusta desbocarse y caer al vacio por descuido más allá del cerco de los dientes. les da vertigo que las dejemos tan solas!

    un beso gigante niña!