A la vuelta de mi casa hay una casa antigua que estuvo abandonaba mucho tiempo. Hasta hace poco supo ser una casa de fiestas infantiles, tenía payasos, guirnaldas, un pelotero inflable y hasta un pony que se comía el pasto de los vecinos... todos los días estaba llena de pibitos que correteaban por todos lados, gritaban y se reían, a veces eran insoportables, pero era una esquina llena de colores y alegría, siempre. Ahora esa casa es un geriátrico, ya no hay guirnaldas, ni payasos, ni colores.. hay abuelos, enfermeras y tazas con mate cocido, y en el lugar donde estaba el pony hay una señora muy vieja que se tapa con una frazada y me sonríe cuando paso caminando. Ya no se escuchan risas sino el eco de un televisor que intenta tapar el silencio de esas horas eternas y vacías.
La casa sigue siendo exactamente la misma de siempre, la estructura no cambió en absoluto, ni siquiera cambió el color de sus paredes, sin embargo las diferencias son inmensas.
Hoy pensaba que de alguna manera nosotros también somos una casa, no varian mucho nuestras 'estructuras', pero cambiamos enormemente según quién viva en nosotros, a veces estamos llenos de colores, de risas y felicidad, nos decoramos con guirnaldas si las personas que nos habitan en ese momento nos hacen bien, nos dan ganas de abrir todas las ventanas para que se llene de aire fresco y sol... pero a veces esas personas se mudan, y nos mudamos nosotros tmb, en nuestra mente y en el corazón ponemos las cosas en cajas y las guardamos, o las mandamos lejos en un flete. La casa se llena de silencio, cerramos las ventanas, bajamos las persianas, prendemos la luz artificial, perdemos nuestras horas frente a un televisor que intente tapar esas ausencias, llenar los huecos vacíos que dejan los huéspedes al irse...
Algunas ausencias son inevitables, pero no somos tan sólo una estructura, somos los dueños de la casa y la podemos adornar todo lo que se nos antoje, poner la música fuerte, pintar las paredes de colores y sonreirle a cualquiera que pase por la vereda, si hace frío basta con prender una estufa, dar un buen abrazo o sentarse un rato abajo del sol, y a todos aquellos que traten de desestabilizarnos, ponernos en venta, pintarnos de gris o simplemente apagarnos la luz, les dejo este cartelito en la puerta: "la casa se reserva el derecho de admisión y permanencia"
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yae.
yae...
eso es muy hermoso
MUY.
sin palabras...
y para q yo este sin palabras!!
-Tiene razón-